ALFA

El sonido de la maquina de coser

fue   mi nana para dormir.

Sentía celos de las telas 

que pasaban por las manos

de mi madre, llevaban caricias

que me pertenecían.

Me he pasado la vida

ofreciéndome en adopción

ser ese abrigo  que sus dedos

cosían y doblaban con mimo.

Envidiaba los pespuntes

de las faldas plisadas

y quise ser una de ellas.

Conservo la vieja  “ALFA”.

Ella me lleva a la infancia

Y  a  los  besos  debidos

en forma de puntadas.

 

 Andrea Uña.

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